Ansiedad

Crisis de pánico: qué son, qué no son y qué hacer

Una crisis de pánico es una oleada brusca de miedo intenso que alcanza su máximo en minutos, acompañada de síntomas físicos muy reales: palpitaciones, falta de aire, mareo, hormigueos, sensación de irrealidad y, con frecuencia, la convicción de estar sufriendo un infarto o "volviéndose loco".

Lo primero que hay que saber: una crisis de pánico no es peligrosa. Es la activación del sistema de alarma del cuerpo —el mismo que nos salvaría de un peligro real— disparándose en falso. Es tremendamente desagradable, pero se autolimita: el cuerpo no puede sostener esa activación por mucho tiempo.

Dicho esto, la primera crisis siempre amerita evaluación médica para descartar causas físicas. Una vez descartadas, el enemigo principal deja de ser la crisis y pasa a ser el miedo a la próxima crisis: la evitación de lugares o situaciones "por si acaso", que va encogiendo la vida.

Durante una crisis ayuda recordar que es transitoria, alargar la exhalación, y no huir del lugar (huir alivia ahora, pero enseña al cerebro que el lugar era peligroso). El tratamiento del trastorno de pánico —con terapia cognitivo-conductual, medicamentos o ambos— tiene una de las mejores tasas de respuesta en salud mental.

Referencias

  • American Psychiatric Association. DSM-5-TR. 2022.
  • Bandelow B, et al. Treatment of anxiety disorders. Dialogues in Clinical Neuroscience, 2017.

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